Y acá estoy, haciendo de cuenta que soy tu amigo otra vez. Por enésima vez. Esta vez, en particular, porque no conseguiste ese trabajo. Y te sentís mal. Porque te trataron mal. Y por supuesto, voy a estar ahí para vos.
Contame, contame todo lo que paso. Quiero saber el nombre del que te hizo llorar. No importa, tal vez soy incapaz de ir a pegarle o apretarlo, tal vez ni siquiera soy capaz de rayarle el coche con una llave, pero contame igual. Capaz no fue para tanto y no te hicieron llorar ni un poco. Pero, ¿quién va a ser el héroe en mi fantasía sino?
A esta altura no se qué te estarás imaginando. Que soy gay. O que me pareces una mina horrible. Prefiero que pienses lo primero, de ninguna manera quiero que creas que sos una mina horrible, ni que yo lo pienso. Pero mas allá de lo que yo prefiero, seguramente debés estar creyendo más en esa posibilidad: de que yo te creo fea antes que en la de ser homosexual. Porque obviamente no te digo nada, ni un halago, y encima ando con otras minas. Ni loco te digo lo bien que te queda lo que tenés puesto, ni que me imagino sacándotelo. No te puedo avanzar de ninguna forma. A ver si pensás que soy un goma, encima.
Y aparte, vos tenés novio. Y encima tu novio es un buen pibe, me cae re bien. No quiero que tu novio crea que te quiero voltear, por más que sea cierto. De alguna forma no se tiene que notar bajo ningún concepto todo lo que me gustás… y por otro lado quiero que lo sepas. Y que no lo sepa nunca tu novio. ¿Con quién voy a ir a la cancha si se entera?
A veces soy tan humano que me doy miedo. Tan feliz o enojado, tan extremo. Cuando me doy cuenta que estar cerca tuyo me pone nervioso, celoso, amargado, triste o incluso, me hace sentir mortal, finito, exiguo. Porque tal vez estar con vos sea la eternidad, sea tocar el cielo con las manos. Pero no lo sé. Porque lo único que conozco es como funciona haciendo de cuenta que soy tu amigo, y enfatizo la frase “haciendo de cuenta”.
Histeriqueándote. Haciéndote enojar con pavadas, como si fueras una hermana o una prima. Y alguna que otra vez, incluso, lastimándote. Lo que tenga a mano para evitar que pienses lo que en realidad es cierto. Como aquella vez que me salió del alma un “te quiero” y termine diciéndote que estabas gorda. Tenía que decir algo bien fuerte para que te olvidaras de lo que se me había escapado.
Y en definitiva, no encuentro salida a la situación. Todos mis mecanismos están puestos de tal forma que nunca sepas lo que me pasa. Algún día, sueño, vas a venir y me vas a declarar tu amor. Te separarás, o no. Pero va a suceder un momento de anagnórisis y te vas a dar cuenta de todo. Y tal vez tengas en cuenta mi silencio, el tiempo, mi sufrimiento y me vas a dar una oportunidad. O tal vez te vaya a parecer demasiado creepy y no me vas a querer ver más en tu vida.